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El gallego se queda sin apoyos y pierde el pulso con Sergio FernándezEl entrenador sobrevive apenas tres meses al destino que el director deportivo le tenía preparado a pesar de alinearse con Enrique Ortiz y García Pitarch
24 de septiembre de 2012
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Los pecados de Mandiá
Sentenciado. Mandiá, entrenador del Hércules, comparece ante los medios tras la derrota ante el Barça B. :: DANIEL MADRIGAL
M. J. MIRALLES | ALICANTE..-

La tercera etapa de Mandiá en el Hércules expira. Si todo transcurre conforme a lo previsto, el técnico gallego será historia en unas horas. Su adhesión al poder apenas le ha permitido sobrevivir tres meses más del final que había previsto para él Sergio Fernández. No habría comenzado la pretemporada si en el camino no se hubiera interpuesto el deseo de Enrique Ortiz de asegurar su orden familiar. Ahí el técnico blanquiazul encontró un salvoconducto para mantener su estatus. Paradojas del fútbol, escapó de su destino gracias a la guerra interna que inició el empresario contra el aún director deportivo. Sin embargo, no ha podido esquivar la guillotina a la que condenan las derrotas. Eso le ha resultado imposible. A la espera del beneplácito del administrador concursal, solo falta la ejecución de la sentencia para que Mandiá pase a formar parte del pasado blanquiazul.

A su descrédito no solo han contribuido los resultados -único argumento que presentará García Pitarch hoy para justificar su destitución-, sino también su modo de obrar y su discurso hiriente de las últimas semanas. Primero se alió con Enrique Ortiz para evitar su salida, después con el nuevo presidente y al final acabó por utilizar a la afición para cargarse de argumentos en su batalla contra Sergio Fernández. Un discurso que ha llevado hasta sus últimas consecuencias con una ironía poco ortodoxa que volvió a emplear en sala de prensa tras la derrota ante el Barça B. Un discurso que también ha tratado de inocular al vestuario, aunque no con éxito total. Tampoco han faltado las acusaciones directas a la prensa en sus alocuciones públicas. Mil motivos externos para no reconocer algún error propio.

Lejos de aprovechar la guerra interna para adecentar su imagen tras el regusto amargo que dejó el fútbol del Hércules en el último tramo de la pasada temporada, Mandiá se posicionó para librar su batalla personal contra Sergio Fernández. En ese intento contribuyó durante el verano a desmontar y desacreditar el proyecto del leonés, en el que él fue su piedra angular apenas un año antes.

La jugada no le salió, sin embargo, tan bien porque no solo no pudo mantener a futbolistas como Aguilar, Samuel o Tote sino que comprobó como su nueva plantilla quedó claramente debilitada por la reducción drástica del presupuesto. En ese maniobra frustrada, sus declaraciones públicas sobre el rendimiento de los jugadores descartados, especialmente de Urko Vera -máximo goleador con 11 tantos en Liga y dos en Copa del Rey- y Diego Rivas, despertaron ampollas en el entorno y crearon un caldo de cultivo peligroso en el vestuario.

El cénit de su discurso se produjo cuando defendió el regreso del delantero Portillo y reconoció su equivocación al descartarle apenas un año antes. Condición indispensable, por supuesto, para asegurar su continuidad en el banquillo.

Pero lo que consiguió uniéndose al poder lo perdió con los resultados. Igual que marcó un punto de inflexión ser el primero en sumar 78 puntos y no subir a Primera División, Mandiá ha protagonizado el peor arranque liguero de la historia blanquiazul.

Termina mal lo que no empezó demasiado bien. Su tercera etapa en el Hércules arrancó con demasiadas dudas y cierto resquemor en el entorno por su sorprendente salida por la puerta de atrás al Racing de Santander un par de temporadas antes y después de la campaña de los 78 puntos. Otro de los argumentos que ha utilizado hasta la saciedad para justificar su valía profesional y que al final, por manido, ha provocado el hartazgo colectivo. Sin apoyos dentro y fuera del club, el gallego ha perdido el pulso con Sergio.

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