
No es que el Hércules tenga que temer por el descenso porque la permanencia la tiene más que bien amarrada tras su gran inicio de temporada. Pero la trayectoria que lleva el Hércules en los últimos tiempos sí que es para preocuparse. El equipo sigue inmerso en la lucha por acabar la temporada regular entre los seis primeros clasificados y, como mínimo, disputar la promoción de ascenso a Primera. Sin embargo, lo está porque el inicio de Liga fue casi inmejorable (y, por supuesto, los puntos valen igual).
El día que el Hércules visitó al Girona inició su cuesta abajo. Aquel día, el Hércules defendía una impresionante trayectoria de seis victorias consecutivas que le habían aupado a lo más alto de la clasificación y, además, con solvencia. Aunque no mereciera perder, el conjunto de Mandiá cayó derrotado en aquel partido y ese resultado fue el primero de una serie que, desgraciadamente para los blanquiazules, se mantiene en estos momentos.
Desde el día del Girona hasta el domingo contra el Recreativo de Huelva, el Hércules ha disputado 14 partidos y ha conseguido la pírrica cifra de 14 puntos. Una cifra que, si solo se contabilizaran estos encuentros en lo que va de temporada, condenaría al equipo de Mandiá a estar peleando por eludir el descenso.
En ese tramo de competición, el Hércules pasa por ser el quinto peor equipo de toda la Segunda División. Solo el propio Girona (10), Villarreal B y Guadalajara (12) y el colista Nàstic de Tarragona (13) han obtenido menos puntos que los alicantinos, que si viven todavía en las alturas es por los magníficos ocho triunfos (y un empate) que logró en las diez primeras jornadas.
Equipos que hoy por hoy ocupan una plaza en zona de descenso como el Cartagena o el Huesca han conseguido sumar más puntos que el Hércules en los últimos catorce partidos, lo que da una buena muestra del pobre bagaje del cuadro blanquiazul en los últimos meses.
Precisamente, desde que el Hércules ganara al Córdoba en la primera vuelta, antes de visitar al Girona, el conjunto alicantino no consigue encadenar dos victorias consecutivas. Y cuando consiguió no perder dos partidos seguidos lo hizo tras empatar en Almería (1-1) y hacerlo en el Rico Pérez frente al Valladolid (2-2).
Debate abierto
Después de los últimos partidos como local de los de Mandiá ha sido tema generalizado de debate los malos números que estaba cosechando el cuadro blanquiazul en el Rico Pérez. Pero lo cierto es que, en las últimas semanas tampoco es que le estén yendo demasiado bien las cosas como visitante.
Salvo el oasis en el que se ha convertido el aplastante triunfo en Cartagena (0-3), en el que el Hércules consiguió la victoria más amplia de la temporada y dio la sensación de regresar a la buena senda (más aún de la mejoría experimentada en el juego en partidos anteriores), últimamente al conjunto alicantino no se le dan nada bien los desplazamientos.
Y no se trata únicamente de una cuestión de resultados (derrotas ante el Numancia, frente al Xerez y, la última, contra el Recreativo) sino de sensaciones. La imagen del equipo en estos tres partidos más que pobre. En Soria, pese a adelantarse en el marcador, el Hércules cuajó un mal encuentro. Entonces se pensó que era cosa de un día.
Sin embargo, la mala imagen fue a más en tierras gaditanas contra un Xerez que, sin hacer nada del otro mundo, acabó imponiéndose a un desafortunado equipo alicantino que, como el domingo en Huelva, no dio la sensación de querer ni poder ir a por el partido.
Tras estos tres encuentros, los jugadores reconocieron que no habían hecho un buen encuentro, pero -salvo la excepción ya dicha del día del Cartagena- la mejoría se sigue esperando en un equipo que, más allá de la dificultad que siempre recuerda Mandiá con la se ha confeccionado, está capacitado para más. Al menos, para mucho más de lo que demostró en el Nuevo Colombino, donde no tuvo ni alma ni identidad.



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